14 de mayo de 2009

* Y ahora le toca a Fidel Castro

Ayer les prometí a mis cuatro o cinco lectores que me referiría a los errores del gran artífice de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.
No haré lo que sugirió el jefe de prensa del ayuntamiento Erick Becerra, escribir un libro al respecto, porque la verdad el tema no da para tanto, tampoco tengo la intención de satanizar al Comandante en Jefe, porque a pesar de todo le reconozco calidad de estadista consecuente; simplemente creo, como dijeran los latinos: “Vox Populi Vox Dei”, que quiere decir, “La voz del pueblo es la voz de Dios”, y este humilde columnista es pueblo y como tal expresa la voz de Dios, que como dicen las Escrituras: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios” (Juan 1:1).
De modo que ahí les va “la palabra de dios”:
El primer gran error de Fidel fue el mismo que cometió José Stalin: no respetar la disidencia o interpretarla como contraria a la revolución. Stalin mandó matar a León Trotzki, suceso que ocurrió en México, pese al asilo y protección que le brindó el presidente Lázaro Cárdenas. Con Fidel estuvieron en desacuerdo varios de sus más cercanos colaboradores, el más célebre de todos, fue mi venerable y admiradísimo comandante Ernesto “Che” Guevara, con quien no pudo ponerse de acuerdo, y el Che acabó por emigrar a otro país y ofrendar su vida por la lucha antiimperialista en Bolivia, con lo cual pasó a la inmortalidad y mora en la conciencia, en la memoria y en el corazón de todos los hombres libres: el Comandante Ernesto Che Guevara. Afortunadamente su sacrificio no fue en vano y hoy con Evo Morales a la cabeza, el pueblo boliviano, realiza los ideales del Che.
Otros disidentes sufrieron represión o destierro. Hace unos años este periódico invitó al historiador cubano Rafael Rojas a presentar su libro sobre el papel que jugó la prensa independiente en la Independencia de México; su texto revela que no es ningún contrarrevolucionario y que sólo exigía el derecho a escribir como considerara correcto. Tuvo que abandonar su país y venirse a vivir a México, donde pudo trabajar sin cortapisas becado por el Colegio de México. Por cierto, el documento del maestro Rafael Rojas, fue rebasado por la exposición de la Dra. Alicia Tecanhuey, del Instituto de Ciencias y Humanidades de la BUAP, quien fue recomendada por el maestro cuyo nombre la postre lleva tal Instituto: “Alfonso Vélez Pliego”. La Dra. Tecanhuey demostró que no fueron tres decenas de pequeños periódicos (pasquines) los que se editaron en aquel tiempo, sino más de cien.
Pudiera justificarse la línea pro-soviética que siguió Fidel Castro, después del bloqueo económico y político que le impuso el gobierno norteamericano. A alguien tenía que venderle el azúcar que por millones de toneladas se produce en la isla, pero no tenía porque emular el mismo modelo, afortunadamente, ha ido flexibilizando su postura, pero aún quedan resabios de censura e intolerancia que no contribuyen a la construcción de un socialismo verdaderamente democrático.
En todo caso, ese es un problema que sólo los cubanos podrán superar.
Pero lo que más molestó a quienes simpatizamos con los ideales de la Revolución Cubana, es que la primera vez que vino a México el entonces presidente de Cuba, Fidel Castro Ruz, fue cuando acudió personalmente a la ceremonia de toma de posesión del usurpador Carlos Salinas de Gortari, gracias a las gestiones de una persona muy conocida por el director del Diario Transición: Manuel Camacho Solís.
En el balance son muchos más los aciertos que los desaciertos de Fidel, al fin humano. Pese a todo, mis respetos para Fidel, porque ha sabido reconocer y rectificar, y sigue tan lúcido y fecundo como cuando era jóven.
Así se escribe la historia, esto es, “la palabra de Dios”, o como dicen que se dice en el ambiente “pacheco”: “la neta del planeta”.