12 de mayo de 2009

Cubita la bella y revolucionaria

Vaya que vale mucho la pena viajar a Cuba, la hermosa isla caribeña que alberga a un pueblo ejemplar, admirable en muchos sentidos, tanto por el físico que los caracteriza, sanos, elegantes, atractivos, como por el espíritu y talento que los distingue en el concierto internacional, sensibles, competitivos, audaces, creativos, valientes, alegres y comedidos de manera excepcional.
Quien lo dijera que a pesar del criminal bloqueo económico y político norteamericano que lleva casi cincuenta años, pese al derrumbe de la URSS y los países de Europa del Este donde se derrumbó el llamado “socialismo real” y no obstante los huracanes que han azotado a la isla en los últimos años, el pueblo cubano y su Revolución no se arredra, no baja la guardia, no claudica, por el contrario su temple es mayor, su preparación intelectual se perfecciona y destaca con luz propia en los encuentros culturales y deportivos que se realizan por todo el orbe.
A todo ello, se aúna la solidaridad que ha hecho patente el régimen cubano con más de cien países en vías de desarrollo, enviando a sus mejores hombres, médicos, ingenieros, combatientes; lo cual muy pocos países podrían emular; lo mismo en África, que en el Medio Oriente, en Asia, Oceanía y en América Latina, allí se encuentran generosos cubanos brindando su mejor esfuerzo a la humanidad.
En medio de sus graves limitaciones y carencias, Cuba tiene para dar mucho más de lo que dan otras naciones mucho más ricas y poderosas, que sólo invaden para saquear, matar, destruir, y si no que lo digan los gobiernos de Estados Unidos, Inglaterra, España e Israel, que han masacrado pueblo enteros en el perverso afán de imponer sus intereses mezquinos.
No diremos que el sistema cubano es perfecto, porque nada que sea humano lo es; si acaso las obras de arte, la ciencia y la tecnología que son patrimonio de la humanidad, pero en materia de organización social, todos los sistemas tienen sus ventajas y desventajas, son perfectibles; y si a las primeras hubiéramos de referirnos hemos de reconocer que de Cuba tenemos mucho que aprender.
Es deseable que el jefe de Estado cubano, Raúl Castro Ruz, mantenga esa lucidez que lo caracteriza, y que la disposición que ha manifestado de dialogar con su par norteamericano, Barack Obama, se traduzca en un mejoramiento de las relaciones entre ambos países y esto abone en la conformación de un nuevo orden en nuestro continente que a todos quienes lo habitamos beneficie.