31 de marzo de 2009

• Javier García Ramírez y los que ya no me hablan

El ingeniebrio, perdón, el ingeniero, Javier García Ramírez, compadre y cuasi cuñado del “gober precioso”, se ha destacado desde que su jefe Marín era alcalde por ser el funcionario que más rápido se enriqueció con la obra pública.
En aquel trienio le cayó del cielo el sismo que colapsó el palacio municipal, y con eso tuvo el primer pretexto para empezar a hincharse como sapo, con las bolsas repletas de millones de pesos.
Cada año, el “enano del tapanco”, que así también le llaman al despreciable sujeto que cobra como gobernador, anunciaba en su informe la realización de cientos de obras. Desde la colocación de un excusado en una escuela, hasta la instalación de una cerca ciclónica en otra, eran “obra pública”, y en todas ellas, García Ramírez incrementaba su fortuna personal y algo se mochaba con su jefe.
Era un secreto a voces que a todos los encargados de tales obras nada más les pedía García Ramírez un módico 10% del costo autorizado que, como es de suponerse, los tales encargados lo tomaban del mismo presupuesto al que inflaban con un 20% para repartirse en partes iguales las “utilidades”.
Como las obras que no rebasen el millón de pesos, no requieren licitación; la estrategia fue muy sencilla. Cuando la obra costaba, por ejemplo, cinco millones de pesos, simplemente la registraba como cinco obras de a millón y asunto resuelto.
Ahora que se hacen las grandes avenidas y se cobra por kilómetro de pavimento, sólo argumenta que el ancho del “concreto hidráulico” es de veinte centímetros, lo cual nadie puede verificar y con eso se infla el costo de la obra de manera exponencial.
Esa es la forma como el “precioso” y su compadre, ganan una fortuna todos los días.
Por otra parte, pongo en alerta a mis lectores porque todo hace suponer que el “precioso” pretende volvernos a lesionar, esta vez no de manera económica, como ya lo hizo, sino físicamente, mandando a golpearnos. La sospecha se deriva del hecho de que varios “amigos” que me hablaban muy “amistosamente”, de repente y sin mayor explicación ya no me saludan ni me hablan.
Al comentar esta situación con algunos amigos que los conocen y preguntarles a que creen que se deba esto, me han dicho: “seguramente a donde van a recoger algún dinero, ya los sentenciaron y les dijeron: nomás no te juntes con ese que le pega a nuestro gobernador, y podrás seguir pasando por tu chivo”.
No lo dudo, así se las gasta el “gober precioso”, un verdadero hampón; pero a nosotros los que hacemos el Diario Transición, como diría nuestro amigo Genaro Piñeiro: “tres peloteros de Guaymas”, lo que en otro léxico significa que “nos la persignan”.
Está claro ¿no?